Las espumas limpiadoras permiten retirar de la superficie de la piel sudor, sebo, partículas ambientales y restos de cosméticos o fotoprotector. Al salir ya espumadas, se distribuyen fácilmente por el rostro y pueden favorecer una limpieza uniforme con menos manipulación y fricción. Además, su textura ligera y su aclarado sencillo hacen que resulten especialmente agradables para muchas pieles mixtas, grasas o con tendencia acneica, aunque una espuma bien formulada también puede ser adecuada para pieles secas o sensibles.
Pero que un limpiador produzca más espuma no significa que limpie mejor ni que sea más agresivo. Su eficacia y tolerancia dependen principalmente de los tensioactivos utilizados, el pH y el conjunto de la formulación. Los limpiadores demasiado alcalinos o con tensioactivos muy detergentes pueden eliminar lípidos necesarios, aumentar la sequedad y alterar la barrera cutánea; por eso, es preferible buscar fórmulas suaves que limpien sin dejar sensación de tirantez.
En este vídeo explico estas diferencias y enseño cuatro ejemplos de espumas limpiadoras: Soothing Cleanser Foam de SkinCeuticals, Paraderm Balance, Gentle Foaming Cleanser de AlumierMD y Gentle Cleansing Mousse de Sensilis. Cuatro fórmulas distintas que ilustran una idea importante: no debemos elegir un limpiador únicamente por su formato, sino por su composición y por cómo responde nuestra piel después de utilizarlo.

