La exfoliación ayuda a retirar parte de las células acumuladas en la superficie de la piel y puede mejorar la luminosidad, la textura y la penetración de otros productos. Sin embargo, no es un paso imprescindible ni debe realizarse igual en todas las pieles: una piel con acné, manchas o textura irregular puede beneficiarse de ella, mientras que una piel reactiva o en pleno brote necesita más prudencia.
En este episodio de Dermothèque, Sofía de Asís y yo explicamos las diferencias entre exfoliantes químicos, enzimáticos y físicos. Hablamos de AHA, BHA y PHA, de enzimas como la papaína o la bromelaína y de la importancia que tienen el tamaño, la forma y el material de las partículas en los exfoliantes mecánicos.
También abordamos el impacto ambiental de las antiguas microperlas plásticas y las alternativas que utiliza actualmente la industria, como las partículas de jojoba, celulosa o determinados materiales vegetales. La clave no es decidir si exfoliar es bueno o malo, sino elegir el procedimiento, la frecuencia y la fórmula que mejor se adapten al estado real de cada piel.

