Cicatrices

Cicatrices por quemaduras

Cuando una quemadura daña la dermis (conocidas como quemaduras de segundo o tercer grado), podemos observar una cicatriz como secuela. Esto ocurre especialmente cuando se dañan las unidades pilosebáceas de la piel, estructuras a partir de las cuales se regenera la piel tras una agresión. El aspecto de estas cicatrices es variable, aunque es frecuente observar áreas abultadas o de hipertrofia, alteraciones del color (hiper o hipopigmentación), y cambios en la textura. Pueden asociarse a picor o dolor, y afectar a la movilidad de la zona.

cicatrices por quemadura
Fuente: Pexels
Cicatrices por quemaduras
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Preguntas frecuentes

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La combinación de distintas herramientas puede ser la clave para mejorar al máximo el aspecto de estas cicatrices. Debemos tener en cuenta la extensión, la localización, si existe limitación al movimiento o las alteraciones del tejido (cambios en la textura o color).

Entre las técnicas más utilizadas, destaca el uso de láseres como el colorante pulsado, el láser fraccionado no ablativo o el láser fraccionado ablativo. También puede emplearse otras técnicas como en el tratamiento de los queloides como la crioterapia, la infiltración de corticoides y citostáticos, la hidratación de la zona y la aplicación de geles y parches de silicona.

A diferencia de la mayoría de cicatrices, que pueden beneficiarse de un tratamiento precoz para evitar su progresión, en el caso de las cicatrices por quemaduras, se suelen requerir 6 meses antes de iniciar los tratamientos más agresivos, ya que durante este tiempo la cicatriz puede experimentar cambios impredecibles que requerirán un control estrecho por parte del médico (retracciones, cambios de la coloración, dolor o prurito). Pasados estos 6 meses, se recomienda no iniciar el tratamiento más allá de los 18 meses de haberse producido para conseguir resultados óptimos.

Podemos conseguir mejoría parcial o total de las alteraciones de la coloración, del enrojecimiento, picor, dolor y rigidez en un 50% pasados los 6 meses del inicio del tratamiento, aunque esto va a depender de factores como la gravedad de las cicatrices o la respuesta del paciente.

La selección de los láseres o fuentes de luz dependerán de las características de la cicatriz, aunque en líneas generales emplearemos los mismos que en el caso del tratamiento de los queloides. Las respuestas más satisfactorias se consiguen mediante el uso o combinación de láser vascular, y láser fraccionado ablativo y no ablativo.

Aunque cada cicatriz presenta unas características propias, en general son necesarias entre 5 y 8 sesiones espaciadas por 4 o 6 semanas.

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