Las máscaras LED se han convertido en uno de los dispositivos domésticos más populares en redes sociales, acompañadas de promesas que van desde mejorar el acné hasta reducir las arrugas o tratar el melasma. Sin embargo, que una tecnología emita luz de distintos colores no significa que todos esos colores tengan beneficios demostrados ni que un dispositivo doméstico pueda compararse con los equipos utilizados en una consulta médica.
Junto con la dermatóloga Anna López Ferrer, analizo en este artículo de La Vanguardia qué sabemos realmente sobre su eficacia, cuáles son las diferencias entre las máscaras domésticas y la tecnología clínica y por qué no están indicadas para todos los problemas de la piel. Una revisión divulgativa que ayuda a distinguir los posibles beneficios de las expectativas creadas en redes sociales y recuerda que, incluso con dispositivos aparentemente inocuos, existen situaciones en las que conviene actuar con prudencia.


