El daño solar no se limita a las quemaduras intensas del verano. La exposición cotidiana también se acumula y suele afectar especialmente a zonas que olvidamos proteger, como las orejas, el cuero cabelludo, los párpados, la nuca, las manos o los pies. Los labios merecen una atención especial: un pintalabios con color no equivale a un fotoprotector, por lo que conviene elegir un bálsamo que indique expresamente su factor de protección solar.
En este artículo de Rísbel Magazine, varios dermatólogos explicamos cómo mejorar la fotoprotección diaria sin complicar la rutina. También recordamos que un SPF elevado informa fundamentalmente sobre la protección frente a UVB, pero no representa por sí solo toda la protección que necesita la piel. Para prevenir el fotoenvejecimiento y reducir el daño solar acumulado es importante elegir un producto con protección UVA y aplicarlo de forma generosa también en esas zonas que suelen quedar fuera de nuestro gesto cotidiano.


